domingo, 5 de febrero de 2017

Copérnico, Kepler y Descartes: la ciencia mira al cielo.

Los tres científicos mencionados con anterioridad representan la ruptura completa ante las ideas religiosas al referirse al cielo no al lugar donde vive Padre, Hijo y Espíritu Santo; sino al hogar de los planetas. Y dan un paso más al decir que la Tierra no es el centro de nuestro sistema, sino el sol. Correcciones posteriores dirían que las órbitas no son circulares, sino elípticas y muchos más descubrimientos serían realizados gracias al perfeccionamiento de objetos como el telescopio.




En tanto que Descartes, Bacon y Hume entregan a la filosofía y a la ciencia métodos basados en principios matemáticos que desafían a la creencia dogmática. No hay nada que una institución como la Iglesia pueda dar por verdadero; son los sentidos y el rigor metodológico que las matemáticas brindan las que daran certeza y una calidad de verdad a los fenómenos que el experimentador testifica.


René Descartes, Arriba. 

La Mattrie, por su parte, nos entrega los primeros indicios del concepto de somatización al iniciar una búsqueda de la relación entra la psique y el cuerpo, donde el alma es una modificación del instinto que de una u otra forma es parte del cuerpo y no una inspiración divina. En este tenor, el alma es desprovista de todo cariz moral, y la sensación, gobernada por el cuerpo material, es elevada a la forma correcta de llevar la vida.

Si los pensadores medievales dieron los primeros pasos para empezar a diferenciar el pensamiento teológico del fiosófico, los primeros padres de la ciencia rompen por completo la idea de Dios y de la divinidad como dueña absoluta de la verdad y elevan al método como la forma correcta de experimentar y entender la realidad a la que nos enfrentamos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario